Malditos buenos libros.
De verdad que no merece la pena terminar buenos libros.
Terminar un buen libro. No hay sensación mejor. Ni peor.
¿Recuerdas la última vez que terminaste un libro y te quedaste mirando al techo? Como planteándote todo, como reflexionando sobre lo que acababas de terminar. De esto que piensas “buf, no sé si voy a encontrar algo que se le parezca”.
Terminar libros trae una fabulosa sensación de satisfacción, pero a su vez, si la lectura ha sido buena, te deja con una insatisfacción que no hay nada que te la pueda arrancar.
Empiezas libros y no lo sientes, no conectas. No hay nada aquí para ti. Todos te dejan igual. Es como que sigues persiguiendo la misma sensación que te dejó aquel libro, el que te tuvo mirando al techo durante un buen rato.
Pero nada, no lo consigues. Ya no hay libros buenos, piensas. Ya no sé elegir libros, no sé que hago mal. Todos son una mier**. Y no es que lo sean, seguro que son libros maravillosos. Esto es simplemente la maldición de terminar un buen libro.
Las páginas no avanzan, la historia no te atrapa. Ni siquiera tienes ganas de imaginarte a los personajes en tu cabeza.
En este momento nos ocurren unas cuantas cosas curiosas. Hay quien tras varios intentos con otras lecturas deciden volver a releer el libro que les gustó, esperando volver a sentir lo mismo que por supuesto, ya no siente igual. Otros dedicamos valioso tiempo de nuestra vida a recorrer reseñas y reseñas y más reseñas intentando encontrar a la persona (con su opinión) que sea capaz de traernos de vuelta lo que hemos perdido. Y otros simplemente nos dedicamos a empezar libros porque sí y a no pasar de los primeros capítulos en todos ellos. Me declaro muy culpable de este último.
Después pensamos que se acabó, que la buena racha se perdió y que a ti ya no te gusta leer. Que los libros ya no son para ti y que chao, la estantería con todos tus libros servirá como recuerdo de que los tiempos pasados fueron mejores y los libros de la mesilla solo servirán como posavasos, y como acumuladores de polvo.
Y sí, el cerebro es muy traicionero y enseguida inventa discursos que no corresponden. Al fin y al cabo, tenemos la tendencia a comparar todo lo que hacemos teniendo en cuenta solo dos cosas del pasado: los momentos de mayor intensidad y el final de la situación1. Con los libros nos pasa igual, la sensación que te inunda (la que te hace quedarte mirando al techo en babia) la sientes en su punto álgido cuando terminas el libro, y esto, lo que recuerdas, o más bien, lo que tu cerebro ha decidido guardar como recuerdo, es lo que utilizas como vara de medir para futuras experiencias.
Y no, no es que ya no te guste leer, es que no te gusta lo que lees porque no consigues darle a tu cerebro nada que sienta igual.
Y ahora que sabes que esto no solo te pasa a ti, cuéntame, ¿cuál fue ese libro maldito para ti?
Es lo que se conoce como “La regla del pico final”


Tengo varios libros malditos, pero eso es tener mucha suerte…